Aunque la cuerda se le rompió cuando estaba a unos 20 metros sobre el nivel del agua, la chica de 22 años, Erin Langworthy, debió ser internada una semana tras el accidente debido a los golpes y las consecuencias.
Como si ya no fuera poco el riesgo que el salto demandaba, por suerte sobrevivió a las altura a los moretones en su cuerpo y al agua que estaba repleta de cocodrilos. Una verdadera experiencia que recordará por siempre.
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